Capital Política / De la marihuana a la viruela del mono

Por David Acosta

Nunca Quintana Roo había estado tan mal. Hoy enfrenta la peor de las crisis, con un gobierno que resultó peor que los anteriores.

Carlos Joaquín y su deficiente fiscal, Montes de Oca Rosales, pretenden hacer creer que el aseguramiento de 200 kilogramos de marihuana, que eran transportadas por un trabajador en un vehículo oficial de la Secretaría de Salud (Sesa), fue obra de la casualidad o un caso “aislado”.

No hay nada más lejano de la realidad. Aún hay muchas interrogantes que no se han querido responden y que le deben a los quintanarroenses, más allá de las investigaciones que realice la Fiscalía General de la República (FGR). De inicio dar la cara.

Nadie se traga el cuento de que el trabajador de Sesa, a quien en estos momentos le están inventando cargos y hasta plazas por contrato, para deslindar a la titular de Sesa Alejandra Aguirre Crespo, se manejaba solo o actuaba por su cuenta.

En la administración pública todos saben que para sacar un vehículo de comisión hay que llenar toda una serie de formatos y cuando se trata de comisiones “especiales” hasta los titulares de las dependencias se enteran, sobre todo cuando son actividades nocturnas o fuera de la ciudad, o por varios días.

Ello sin contar que se debe dejar claramente establecido qué comisión será, dónde será la comisión, quién será el chofer, si irán o no acompañantes, volumen de gasolina que se requiere y hasta el kilometraje por recorrer.

También implica el formato de comisión específico para el pago de viáticos.

De inicio los documentos tienen que ser firmados por el jefe inmediato, el director de área y los responsables de recursos humanos y materiales. Durante ese proceso los escritos cruzan por diversas manos, que fácilmente pueden detectar si hay una alteración o enterarse de la “comisión”.

Sin un vehículo no realiza el trámite formal para la comisión respectiva de todas maneras, se enteran las mismas personas. Es claro que todo fue armado y quién sabe en cuántas ocasiones. Peor aún, en cuántas secretarías y organismos estatales.

La cantidad de droga confiscada por el Ejército Mexicano presume que no es la primera vez que ocurre, nadie en su sano juicio intenta pasar 200 toneladas de droga arriesgándose a ser descubierto y de ir a la cárcel, sin la protección superior.

Si el gobernador y Aguirre Crespo no dieron la cara desde el principio, no es por el debido proceso, sino porque hay gato encerrado.

En medio de todo este escándalo que ya trascendió por lo menos a nivel nacional, aparece el primer caso de viruela símica en Quintana Roo, y en específico en Chetumal, que fue tomado por la sociedad como un tema para desvirtuar o desviar la atención de la droga asegurada, algo que no está fuera de la realidad. Sea verdad o mentira.

Lo extraño de este anuncio, es que el contagio fue en la capital. Claro está que no apareció en Cancún o Playa del Carmen (que tenían mayor posibilidad) para no ahuyentar al turismo. Total, Chetumal aguanta todo, hasta un contagio de viruela.

Siempre se ha especulado de la infiltración de grupos criminales en la administración pública y de la complicidad del gobierno. Más claro ni el agua.

Que ahora alguien tendrá que pagar los platos rotos es cierto y que buscarán de aquí al 9 de septiembre, que se calmen las aguas, también lo es.

Lo que no se podrá evitar es que Carlos Joaquín pase a la historia como el peor gobernador de Quintana Roo.

Sería mejor que lo vean de esta forma, porque sería peor para él decir que nunca se enteró de lo que pasó en su gobierno.

Las lágrimas de cocodrilo de aquel 25 de septiembre del 2016 probablemente se repitan, pero en esta ocasión motivado por el repudio de los quintanarroenses.

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